viernes, 30 de abril de 2010

El papel del periodismo hoy y ayer

Ayer las Madres de Plaza de Mayo llevaron adelante un acto en el que echaron luz sobre el papel del periodismo en la ultima dictadura militar. Un acto que venían organizando hace un tiempo pero que justo se llevo a cabo en el medio de una semana particular.

Ver las imágenes de poderosos periodistas yendo a pedir repudio hacia Las Madres en el Congreso me provoco tristeza.

Les dejo un articulo de Luis Bruschtein que salió hoy en Pagina12 en el que hace un análisis muy interesante sobre este tema.

Libertad de expresión y usos políticos

Por Luis Bruschtein

Cualquiera puede criticar a Hebe de Bonafini y Hebe de Bonafini también puede criticar a quien le parezca. Se puede estar de acuerdo con Hebe de Bonafini o pensar al revés que ella. Nadie está obligado a coincidir. Todos tienen la posibilidad de responder. Son aclaraciones obvias, casi elementales. Otra más: nadie va a ir preso por el juicio que hizo la Asociación de Madres de Plaza de Mayo; no se trata de un juicio penal que termina con una condena, no es una institución formal de la República. Se trata, y nadie lo oculta porque se hace con ese objetivo, de un acto político. Así lo tomará el público, las personas, la gente y así sacarán sus conclusiones.

Ninguno de los actos de Hebe de Bonafini a favor de los desocupados y piqueteros o de los cientos que ha convocado provocó tanto alboroto. La Asociación de Madres de Plaza de Mayo ha realizado otros juicios de este tipo, obviamente propagandísticos y políticos, a jueces o abogados y empresarios que colaboraron con la dictadura. Este que le hacen a periodistas no es el primero y, sin embargo, sí es el primero al que se lo escracha tanto públicamente.

La Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados, controlada por la oposición y cuyo principal mérito es oponerse a la ley de servicios audiovisuales, impulsó el repudio unánime de los diputados al acto de la Asociación de Madres de Plaza de Mayo. Periodistas que viven de la libertad de expresión y una comisión legislativa que existe para preservarla, finalmente la terminan repudiando.

Es decir, la libertad de expresión es fantástica siempre que no afecte a los periodistas. En ese caso, la libertad de expresión afectaría a la libertad de expresión y hay que repudiarla. La libertad de expresión no somos los periodistas y menos las empresas que nos dan trabajo. Esa es una pequeñísima parte. Y una parte privilegiada en ese sentido, porque es la que tiene más recursos para expresarse y comunicar.

Esa confusión es peligrosa desde un punto de vista democrático y republicano. Y es más peligroso cuando los confundidos somos los periodistas y las empresas periodísticas. Los periodistas podemos ser criticados por cualquiera, incluso por otros periodistas.

Otra cosa son las amenazas anónimas o los actos de violencia. Eso no tiene nada que ver con la libertad de expresión. No es lo mismo el acto de Hebe de Bonafini que un cartel anónimo. Aunque el contenido sea similar (el cuestionamiento a algunos periodistas), en democracia el significado es totalmente opuesto. Uno es parte de la libertad de expresión (se coincida o no con él), pero lo anónimo y violento atenta contra ella. Por eso se equivocó el dictamen por mayoría de la Comisión de Diputados al mezclar todo. Porque de esa manera se corre el riesgo de montarse en una condena legítima y usarla para reprimir la expresión también legítima de otros ciudadanos con los que ellos disienten. Con lo que se podría llegar a un absurdo: la Comisión de Libertad de Expresión corre el riesgo de terminar coartando la Libertad de Expresión.

miércoles, 28 de abril de 2010

Cuando la noticia es la política


(publicado hoy en Pagina 12)

La relación entre medios y política en América latina refuerza hoy su tono de disputa. Integrantes del Observatorio de Política Latinoamericana Noticias del Sur parten de la idea de que la situación que se vive hoy es el resultado de que los gobiernos buscan recuperar el terreno cedido a los poderes mediáticos.

Por Emiliano Flores, Federico Vázquez y Emanuel Damoni *

Cuando Tancredo Neves decía “Yo me peleo con el Papa, con la Iglesia Católica, con el PMDB, me peleo con todo el mundo; yo sólo no me peleo con el Doctor Roberto”, sintetizaba un condicionamiento mediático al poder político que no era exclusivo del Brasil. Tancredo Neves fue el primer presidente electo después de una larga dictadura. El Doctor Roberto era Roberto Marinho, propietario de la Red Globo, consorcio mediático que reúne más de la mitad de la audiencia televisiva del país. La frase de Neves podría completarse con aquella de César Jaroslavsky en los ’80 cuando, haciendo referencia a Clarín, decía: “Hay que cuidarse de ese diario. Ataca como partido político y si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa”. El comportamiento de los medios masivos de comunicación como actor político tiene una historia prolongada en la región.

En las elecciones de 1989, Lula se presentaba por primera vez como candidato a la presidencia de Brasil, pero el Doctor Roberto tenía las fichas en Fernando Collor de Melo. La televisora Globo decidió jugar fuerte en la campaña. Puso al aire la ficción Salvador de la Patria, donde el personaje principal, Sassá Mutema, de origen humilde, se postula para ser alcalde de su pueblo. Sassá gana las elecciones, pero cuando llega al gobierno se ve involucrado en crímenes y hechos de corrupción. El mensaje era sencillo: Lula podría repetir esa decepción en la vida real.

Durante los años ’90 los gobiernos de nuestros países condujeron la privatización y desregulación de los medios masivos. Un pacto de no agresión entre gobiernos y medios estimuló la concentración de éstos en forma inédita. Sin embargo, a medida que las empresas del sector se integraron verticalmente (televisión, radios y diarios bajo un solo dueño), lograron consolidar una “opinión publicada” lo suficientemente fuerte como para desbalancear ese pacto original y condicionar al poder político.

Ese esquema fue acentuando sus rasgos extorsivos hasta que la crisis neoliberal de comienzos del 2000 impuso otro escenario en la región. En El nuevo topo, último libro de Emir Sader, el autor plantea que el avance de gestiones no ortodoxas en los gobiernos de América latina encontró una oposición de derecha cuya dirección ideológica e incluso política proviene de los medios de comunicación privados.

Durante los dos días que duró el breve golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, RCTV, Globovisión y Venevisión transmitieron dibujos animados mientras en las calles decenas de miles de personas se movilizaban para recuperar el sistema democrático. También allí, en la previa al golpe, se ensayaron recursos como la pantalla dividida para “confrontar” un discurso presidencial con manifestantes opositores exaltados, técnica depurada en nuestro país durante el conflicto agropecuario de 2008.

¿Cuál es la razón profunda que lleva a los medios a jugar este rol? Una respuesta posible es la dificultad creciente de las fuerzas políticas conservadoras para imponer agendas ortodoxas, ante lo cual el lugar de vanguardia ideológica reaccionaria pasa a estar en los poderes mediáticos. Se trata de un fenómeno con diferentes intensidades, pero que se afianzó en toda la región. En Uruguay, las empresas privadas de televisión se negaron a cumplir con la cadena nacional que debía difundir la campaña por la nulidad de la Ley de Caducidad. La iniciativa quedó a sólo 2,03 por ciento de los votos necesarios para ser aprobada. ¿Cuánto habrá influido en ese guarismo la desobediencia mediática?

Quien se dé una vuelta por los diarios de América latina por estos días podrá encontrar titulares como estos: “El gobierno de Correa quiere que los medios rindan cuentas”, “Evo Morales criticó a la prensa por minimizar la victoria de su partido”, “Vázquez se refirió a los medios: sistemáticamente hacen oposición al gobierno”, “Lula criticó a los medios: no cubren con buena fe”.

Los medios concentrados se encuentran hoy con gobiernos democráticos que cuestionan su (oscura) legitimidad de origen, la posición dominante que tienen en el mercado y la intencionalidad política mal recubierta por el gastado barniz de la “independencia”.

No es una lucha contra la “libertad de prensa” –como los propios afectados señalan–, ni siquiera un cuestionamiento ideológico a la “libertad de empresa”. Se trata de algo más sencillo y elemental: la supervivencia de la política como espacio de la sociedad –y no de las corporaciones– desde el cual decidir las cuestiones públicas. La respuesta que los gobiernos de la región, con distintas velocidades, decidieron dar a este enfrentamiento es la intervención en el mercado comunicacional, regulándolo para ampliar el espectro de voces. Y eso es una buena noticia.

  • Integrantes del Observatorio de Política Latinoamericana Noticias del Sur.

martes, 27 de abril de 2010

Foster y el miedo

Tomado de Ramble Tamble

Nos llega este texto de Ricardo Forster ideal para debatir:

La palabra está allí, la escuchamos una y otra vez pronunciada por políticos, por periodistas, por estrellas de la televisión. Circula velozmente por los múltiples canales de la comunicación. Su presencia es insidiosa y oscura porque nos retrotrae a épocas nefastas de la historia nacional.

Quienes la pronuncian no se detienen a medir las consecuencias ni se preocupan por destacar las diferencias cruciales que separan una dictadura genocida de un gobierno democrático. Esas sutilezas no les interesan porque, tal vez, nunca sintieron miedo cuando vivieron los años terribles inaugurados el 24 de marzo del ’76 y, en cambio, parecen sentirlo en estos días en los que una sociedad democrática debate y dirime distintos proyectos de país.

Pero el “miedo” (ésa es la palabra maldita que atraviesa el éter informativo) es el resultado de quienes buscan perpetuarse en el poder, de quienes parecen representar la quintaesencia de todos los vicios a los que se le agregan la búsqueda de la crispación y de la violencia como herramientas para alcanzar sus designios autoritarios.

El lenguaje es brutal y excesivo, aunque muy pocos de los periodistas “independientes”, de esos que siempre hacen gala de virtuosismo republicano, se detienen a señalar la exageración y la trama de falsedades que se esconden en el uso indiscriminado, y casi en cadena nacional, de la palabra “miedo”.

Alcanza, les alcanza, una serie de afiches sin firmas en los que se critica a algunos periodistas utilizando un método, el escrache, que poco tiene que ver con la disputa democrática (tal vez pudo haber tenido un valor cuando la inventaron los miembros de la agrupación HIJOS en épocas de impunidad y de indultos que dejaban libres de culpa y cargo a los genocidas y como una manera de hacer visible la falta de justicia, memoria y verdad que dominó el país durante los noventa).

Un método que sortea malamente la discusión y el debate y que, en este caso, se escuda en el anonimato. También les alcanzan las declaraciones de una senadora jujeña que pronuncia la fatídica palabra al mismo tiempo que inicia lo que parece ser un viaje sin retorno hacia la oposición (no escuché hablar de borocotización para quien no sólo desoyó la decisión de su bloque sino que ahora se apresura a formular un proyecto de modificación de la ley de servicios audiovisuales que parece escrita a favor de la continuidad monopólica).

Alcanza lo que pueda decir la eterna anfitriona de almuerzos en los que cada invitado se solaza en demostrar que estamos frente a un gobierno autoritario que cada vez se parece más a una dictadura (extraño mérito la de quien ha podido almorzar “libremente y sin censura” durante los años más horrendos de la historia argentina y a lo largo de todos los gobiernos democráticos y que descubre, espantada, que ahora siente “miedo”, ese mismo que nunca sintió antes).

Miedo del que hablaban algunos en relación con Milagro Sala, portadora, ella, la tupac y los movimientos piqueteros, de una violencia amenazante, esa que surge de los barrios periféricos y que, como decían Carrió y Morales, se ocupan de entrenar militarmente a sus miembros.

Miedo a los pobres, ese mismo que llevó a un intendente de San Isidro a imaginar la instalación de un muro para aislar a los habitantes de una villa de emergencia. Miedo a los trapitos y a los limpiavidrios que merecen, según el inefable Macri, ser conducidos a las cárceles.

Miedo y más miedo que pide seguridad, represión y, claro, una República saneada de tanto autoritarismo. Resulta llamativo que el miedo se despliegue en una época y bajo un gobierno que ha derogado las leyes de impunidad habilitando el juicio a los genocidas; de un gobierno que decidió dejar que todas las protestas sociales puedan expresarse sin ejercer las tan conocidas “virtudes” represivas de las fuerzas policiales e impidiendo que las calles y las plazas del país vuelvan a ser escenarios de violencias homicidas como las que hemos conocido bajo los gobiernos de muchos de aquellos que hoy dicen sentir miedo.

De un gobierno que no reprimió los innumerables cortes que bloquearon muchísimas rutas durante el conflicto con la Mesa de Enlace y que se negó a reprimir las protestas de los asambleístas de Gualeguaychú.

Pero, eso dicen incesantemente los formadores de opinión desde radios, canales abiertos y de cable y desde medios gráficos, es el gobierno el que promueve la crispación y la violencia; es a partir de sus oscuras lucubraciones desde las que se inocula en la sociedad desguarnecida el virus del miedo.

¿Qué significa que una empresa periodística saque en la tapa de su principal revista un foto montaje que nos muestra a Néstor Kirchner como si fuera Hitler? ¿Acaso creen que estamos viviendo en una dictadura o, por el contrario, suponen que el nazismo fue algo trivial y sin la lógica de la barbarie que lo caracterizó?

La banalización se vuelve cómplice de ese sistema concentracionario que se devoró a millones de seres humanos (tal vez sería oportuno que quienes dedican un gran esfuerzo a mantener la memoria del Holocausto digan alguna palabra ante este uso impúdico de las comparaciones históricas).

¿Pueden algunos periodistas cruzar de ese modo la línea del pudor y hacerlo en nombre de la democracia y de la libertad de expresión que estarían amenazadas por el kirchnerismo? ¿Qué queda de la memoria de las víctimas, tanto aquellas que fueron exterminadas durante el nazismo como de aquellas otras, las que están cerca nuestro, y que fueron asesinadas durante la última dictadura?

Una retórica prostibularia que incluye un nuevo neologismo: “Fachosprogresitas”, que serían aquellos que citan a filósofos nazis y que escrachan periodistas. Nada se dice, por ignorancia o por astucia editorial, que Carl Schmitt, el jurista católico de derecha, compañero de ruta del nacionalsocialismo, ha sido citado a lo largo del siglo XX y de este por liberales, conservadores, socialistas y que constituye una referencia insoslayable a la hora de debatir cuestiones cruciales de teoría política (entre nosotros lo han citado, no sin elogios y señalamientos críticos, ensayistas de izquierda como Pancho Aricó, fundador de Pasado y Presente, o el filósofo Jorge Dotti que le ha dedicado un monumental libro de casi 1.000 páginas a la recepción del jurista alemán en la Argentina; pero también lo han citado Hanna Arendt, Walter Benjamin y Jacques Derrida, filósofos difícilmente homologables al fascismo o a cualquier forma de derecha).

Analfabetismo y/o amoralidad amarillista. Todo sirve para hablar del “miedo”, para instalarlo entre nosotros y ofrecerlo como producto del Gobierno y de sus intelectuales, en este caso leyendo sin leerlo un libro importante de Chantal Mouffé, En torno a lo político, en el que la autora hace mención a Schmitt y a su concepción de “amigo/enemigo” para pensar la escena política contemporánea.

Pero claro, como el libro fue leído por Cristina Fernández inmediatamente se homologa Schmitt, nazismo y gobierno en un ejercicio delirante de ignorancia interpretativa.

La intención es clara: se trata de inducir a una parte significativa de la opinión pública (esa que suele ser una creación de la corporación mediática) a identificar al kirchnerismo y a quienes defienden muchas de sus políticas o que simplemente han acompañado algunas de sus decisiones en estos últimos años, con el autoritarismo y la violencia utilizando la mentira, la falsificación, la impudicia interpretativa y la victimización de quienes son, en muchos casos, expresión del poder real en la Argentina, ese que sigue siendo dueño de la gran tajada de riqueza socialmente producida y que sabe de horadaciones y de chantajes a gobiernos democráticos.

lunes, 26 de abril de 2010

Primer paso


En el medio de la polemica de estos días sobre los supuestos bloggers pagos por el, gobierno y después de escuchar tantas pavadas juntas me decidi a iniciar yo mismo un espacio desde donde contrarrestar las barbaridades que se escuchan en la calle, en los medios y en las redes sociales.

Es mi granito de arena, es la responsabilidad que siento a la hora de escuchar ciertas cosas. Y pienso que si desde aca puedo ayudar a construir un poco de sentido en este complejo pero a la vez super-interesante momento que nos toca vivir en el país, por qué no voy a hacerlo.

Asi que vamos de a poco. Hoy es el dia cero, ya veremos como evoluciona la historia.